¿Como fue Hugo de Payns? El hombre que creó la Orden de los Caballeros Templarios.
Conoce la vida de Hugo de Payns. Este hombre excepcional destacó como guerrero en Tierra Santa. Su profunda religiosidad y valores cristianos le convirtieron en uno de los protectores de los Santos lugares. Gran diplomático y estratega, creó en 1118 la Orden religiosa y de caballería más respetada y temida de la Edad Media, Los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón.

La vida de Hugo
Como los grandes hombres que han dejado huella en la historia, su vida está mezclada entre la realidad y la leyenda. El siglo XII vivió profundos cambios que transformarían Europa y el mundo, y Hugo de Payns fué un protagonista de ellos.
Infancia
Los datos sobre sus orígenes son escasos y a veces confusos. Las investigaciones históricas sobre su vida se multiplican y poco a poco aparecen más detalles que nos acercan a quien fue realmente y como vivió.
Según el historiador francés Thierry Leroy, Hugo de Payns nació el 9 de febrero de 1170 en el castillo de Payns, pequeña localidad cercana a Toyes. Hijo de Gautier de Montigny y nieto de Hugo I, Señor de Payns creció y fue educado en el ambiente de regeneración y reforma religiosa que estaba viviendo el Condado de Champaña.
Estancia en Molesmes
En 1090 se casa con Emelina, su primera esposa, con la que es feliz y fruto de este matrimonio nace su hija Odelina, futura señora de Ervy. Cuando muere Emelina, la tristeza por su perdida lleva a Hugo de Payns a ingresar a la Monasterio de Molesmes, donde Roberto era el Abad. Hugo encuentra allí paz y tranquilidad y poco a poco reconstruye su vida. Entre bosques y monjes, en largas jornadas de oración y trabajo, experimentará la nueva espiritualidad cristiana que ya estaba transformando el Condado de Champaña. ¿Inspiró Roberto a Hugo de Payns para la creación de los caballeros templarios? Es muy posible, vida austera, profundos valores cristianos y valerosos caballeros que cambiaban la armadura por el hábito.

Su historia continua. Como vasallo del conde Hugo I de Champaña, Hugo abandona los hábitos y a partir del año 1100 se integra plenamente como uno de los principales miembros de la Corte. Es muy probable que en 1104 le acompañe en su primer viaje a tierra Santa. Tras regresar ambos, en 1107 toma como esposa a Isabel de Chappes. Del matrimonio nacerán cuatro hijos; Teobaldo, Guido Bordel de Payns, Guibuin y Herberto, llamado el ermitaño
El primer Maestre de la Orden del Temple
Entre 1118 y 1119 Hugo de Payns regresa a Tierra Santa y junto a ocho caballeros más se instalan en las caballerizas de los restos del segundo Templo de Salomón. De su estancia allí, tomarán su nombre «Pobres Caballeros de Cristo y del templo de Salomón» (Pauperes Commilitones Christi Templique Salomonici) o como también se les conocerá desde entonces «Caballeros Templarios». Junto a Godofredo de Saint-Omer, Payen de Montdidier, Archambaudo de Saint Agnan, Andrés de Montbard (tío materno de San Bernardo de Claraval), Godofredo Bison, Rolando, Gondamero y posiblemente Hugo I, el mismo conde de Champaña, se embarca en la protección de los peregrinos que llegaban a Tierra Santa.
Primeros años
Bajo la protección de Balduino II, rey de Jerusalén y de la Orden del Santo Sepulcro, Hugo y sus compañeros pasarán nueve años en el Templo. Por su número, desconocemos como pudieron llevar a cabo sus labores de protección y si otras misiones les fueron encomendadas. De esta estancia, surgen leyendas y misterios sobre la Orden que aún no han sido desvelados.

Como Orden, primeramente, fue reconocida por el Patriarca Latino de Jerusalén Garmond de Picquigny. Y se le otorgó su regla que fue la de los canónigos agustinos del Santo Sepulcro. Es en 11027 cuando Hugo de Payns regresa a Europa acompañado por Godofredo de Saint-Omer, Payen de Montdidier, y dos hermanos más. Su misión es que el Papa, en ese momento Honorio II, reconozca la Orden y le de una nueva regla. Asimismo buscará reclutar nuevos caballeros y tomar posesión de las donaciones que estaban recibiendo en la región de Champaña.
Durante los dos siguientes años Hugo y sus caballeros templarios recorrerán Roma, la Champaña, Anjou, Poitou, Normandía, Inglaterra, Escocia y Flandes. Reuniéndose con reyes y nobles, su profunda fe cristiana, su valor y hazañas como caballero inspirarán a muchos otros a unirse a la Orden. No es de extrañar que Hugo De Payns reciba numeroso territorios para crear sus futuras encomiendas.
El Concilio de Troyes
Es en 1129 cuando Hugo regresa a Champaña. Con el apoyo de Bernardo de Claraval, el Papa y la nobleza Champañesa y Borgoñona, el 13 de enero de 1129 se celebra el Concilio de Troyes. Como consecuencia se reconocerá oficialmente a la Orden del Temple. Es difícil imaginar la magnitud e importancia de lo realizado por Hugo de Payns. Allí estuvieron presentes el Cardenal Mateo de Albano (representante del Papa); los Arzobispos de Reims y de Sens. También, diez obispos, representando a las ciudades de los Reinos Francos.
Dando fe de la Orden se encontraban, además, ocho abades cistercienses de las abadías de Vézelay, Cîteaux, Clairvaux, Pontigny, Troisfontaines y la propia Molesmes. Así como, representantes de la nobleza entre los que destacan Teobaldo II, conde de Campaña, André de Baudemont, su senescal o el Conde de Nevers.

Hugo de Payns junto a Bernardo de Claraval redactaron la nueva regla que se aprobó en el concilio y se conocerá como Regla Latina. Con 71 cláusulas, adaptaron la Regla de San Benito, que regía la vida cisterciense, a las necesidades militares y guerreras de los caballeros del temple. Monjes y guerreros, ambos crean la nueva milicia.
El legado templario
Es difícil valorar el legado a la posteridad de Hugo de Payns y su Orden de los Caballeros del Templarios. A pesar de que hace más de 800 años de su disolución, en cada época se les ha recordado y admirado. Sus huellas medio borradas perduran en la geografía de toda Europa. Su historia y leyendas siguen siendo fuente de interés y estudio. Su fe, valor y nobleza continúan alimentando la memoria y el imaginario colectivo de medio mundo.
El primer legado de Hugo fueron sus propios caballeros. Como decía San Bernardo, «Un único soldado capaz de afrontar la batalla espiritual de un monje y la batalla terrenal de un guerrero». Sus virtudes cristianas y su valor como caballeros inspiró a las generaciones futuras.
Hugo de Payns y su Orden creó una red de encomiendas por toda Europa capaces de proveer de todo lo necesario para proteger y mantener a salvo Tierra Santa. Caballos, ropa, armaduras, financiación y demás necesidades llegaban en barcos a los puertos del Reino Latino de Jerusalén. En 1136, fecha del fallecimiento de Hugo, los caballeros templarios ya contaban con cinco importantes encomiendas en los Reinos francos, como El Temple de París que funcionaba como la sede central o Avalleur situada cerca de Clairvaux y Troyes, en Champaña.


También en la Península se donan importantes fortalezas y territorios como Monzón en Huesca, el Barrio del Temple en Zaragoza o Gardeny y Tortosa en Cataluña. Vinculadas al camino de Santiago destacan Alberín, y Neira dos Cabaleiros. En Portugal el Castillo de Soure fue unas de las primeras encomiendas ibéricas.
La prosperidad de las encomiendas templarias y cistercienses reactivo el comercio y favoreció el crecimiento de las ciudades. La flota templaria abrió nuevas rutas de peregrinación y comercio a Jerusalén. Su sistema de financiación y las fortalezas ubicadas en Tierra Santa contribuyeron finalmente a la seguridad de los peregrinos.

Como conclusión, Hugo de Payns fue una persona extraordinaria. Su profunda religiosidad cristiana inspiró a miles de caballeros a formar parte de una Nueva Milicia, la Orden de Pobres Caballeros de Cristo y fue ejemplo para una nueva Europa que comenzaba a resurgir. Su conocimiento del mundo, como planificador, diplomático o estratega cambiaron un mundo que sucumbía entre guerras, ambiciones e impiedad. Junto a Roberto de Molesmes, Bernardo de Claraval o Godofredo de Bouillon fue uno de los grandes hombres que marcaron el siglo XII y los siglos posteriores.
