«Los Caballos del vino» regresan a Caravaca de la Cruz.
Regresan los Caballos del Vino a Caravaca de la Cruz

La multitud se abre como si fuese una cremallera humana, como en los puertos del Tour de Francia, pero en lugar de ciclistas, dejan pasara los «Caballos del Vino», que galopan engalanados, dirigidos por los miembros de las peñas caballistas que corren a su lado. Los llevan al castillo-basílica de la Vera Cruz tratando de recrear una famosa leyenda ambientada en la Reconquista. Se cuenta que, durante un asedio de los musulmanes al castillo, los aljibes se habían corrompido. Un grupo de caballeros templarios salió a buscar agua, pero como no pudieron conseguirla, cargaron convino y subieron a galope hacia el castillo esquivando al enemigo de una forma espectacular. Al derramar el vino en los aljibes, el agua se purificó milagrosamente y los enfermos sanaron al beberla. La carrera, que todos los 2 de mayo atrae a unos cien mil visitantes anuales, es solo el inicio de la fiesta.

Caravaca de la Cruz aun conserva el recinto amurallado completo, con sus catorce torres, que se amplió y reforzó tras la conquista castellana. Primero por parte de la Orden de los Caballeros Templarios, y luego por los de la Orden de Santiago. Tras la ocupación cristiana, enseguida se construyó un pequeño santuario con un lignum crucis que comenzó a atraer a miles de peregrinos.

La Santísima y Vera Cruz es una reliquia de la cruz en la que Cristo fue crucificado, y que llegó hasta aquí de una manera milagrosa: Cuando la ciudad fue tomada por los musulmanes, un sacerdote se adentró peligrosamente para predicar el Evangelio, y mientras daba una misa ante el gobernante Zayd Abu Zayd, dos ángeles colocaron la cruz sobre el altar consiguiendo que el “infiel” se convirtiera.
Desde el siglo XIII, peregrinos de todo el mundo acuden a postrarse ante la Cruz de Caravaca. Existen ocho rutas distintas que llegan hasta esta localidad murciana, siendo la más célebre la del Camino de la Vera Cruz, que llega desde Roncesvalles tras recorrer 900 km.
Las fiestas comienzan al anochecer del día 30 de abril, la gente ocupa las calles del casco viejo y comienza a cocinar unas migas, es el Certamen de Migas del Sureste.
Al día siguiente, las famosas carreras de caballos suponen el definitivo pistoletazo de salida de los festejos. En el Concurso de Caballos a Pelo, un evento a medio camino entre los pasacalles y el ensayo general antes de la carrera del día siguiente, se vota a los caballos que mejor aspecto lucen de manera natural.

Por la mañana del día 2, se celebra la Carrera de los Caballos del Vino, en la que los caballos, ya engalanados, corren lo más rápido posible porque gana el más rápido. Finalmente se da a conocer a la peña ganadora del Concurso de Enjaezamiento, o sea, la que bordó el manto más espectacular para su caballo.
A pesar de que los Caballos del Vino lo eclipsan casi todo, el día grande es de la Santísima Cruz, el 3 de mayo. Por la mañana se celebra una misa pontifical en la Iglesia del Salvador, y por la tarde se procesiona la Cruz de Caravaca hasta el “el Templete”, o sea, el Bañadero de Caravaca de la Cruz, donde desde entonces, se realiza el Baño de la Cruz para aplacar plagas y sequías. De camino, se representa el legendario Parlamento entre Zayd Abu Zayd y el sacerdote.
El día 4 lo más destacado es el gran desfile de moros y cristianos, y al día siguiente se cierran los festejos con la procesión que devuelve a la Cruz a la Basílica.
Muy cerca, podrás pasear hasta las Fuentes del Marqués, un paraje natural con varios manantiales de aguas cristalinas. También visitar el Torreón de los Templarios que sirve como centro de interpretación.

Si te encuentras cerca de Caravaca de la Cruz no dudes en disfrutar, desde el 30 de mayo, de está fiesta surgida de las más profundas raíces Templarias. Su Santísima y Vera Cruz, los Caballos del Vino, los manantiales del Templete o el Torreón de los Templarios.
