Los Orígenes de San Juan de la Peña. Los Custodios del Grial.
San Juan de la Peña, el monasterio que se funde con una enorme mole de piedra, está situado en Jaca, en lo profundo de la cordillera pirenaica. Entre bosques y roca se yergue impasible al tiempo este asombroso monumento. Corazón del Reino de Aragón, tumba de sus reyes y custodio del Santo Cáliz, ha generado leyendas desde sus orígenes, desde las propiedades curativas y milagrosas de sus aguas a las leyendas del Santo Grial.

Un lugar mágico y de poder
Cuenta la leyenda que un joven noble de nombre Voto estando cazando por estos parajes avistó un ciervo. Corrió tras la presa, pero no llegaba a alcanzarla. Poco después llegó al monte Pano y se despeñó por su precipicio. Milagrosamente su caballo se posó en tierra suavemente. Sano y salvo en el fondo del barranco, vio una pequeña cueva. En ella descubrió una ermita dedicada a San Juan Bautista y, en su interior, el cadáver de un ermitaño llamado Juan de Atarés. Tal fue su asombro que impresionado por el descubrimiento vendió todos sus bienes y junto a su hermano Félix regresaron a la cueva, donde iniciaron una vida eremítica.


Pero la leyenda no acaba aquí. Voto y Félix junto con los guerreros cristianos que defendían aquellas tierras, nombran como su caudillo a Garci Ximénez. Este les conducirá a la victoria contra los musulmanes reconquistando las tierras de Jaca y Ainsa. Allí, la aparición de la cruz de fuego sobre la carrasca de Sobrarbe, daría inicio al origen legendario del Reino de Aragón.
San Cosme y San Damián. Los médicos gemelos.
No es de extrañar que este lugar rodeado de naturaleza agreste, mágico y misterioso se convirtiera en monasterio y albergara a los primeros reyes de Aragón. Pero es su advocación lo que más llama la atención.
Cosme y Damián fueron dos hermanos gemelos nacidos en el siglo III en Arabia. Como Gilgamesh y Enkidu o Castor y Polux, estaban destinados a realizar grandes proezas. Con sus formación como médicos y su fe cristiana sanaron a gran número de personas y muchas se convirtieron al cristianismo. Cosme y Damián realizaron con humildad una labor incansable como médicos y les atribuyeron un gran número de milagros. Sin quererlo, desafiaron al mismísimo Imperio Romano por lo que Roma los martirizó y ejecutó. Su recuerdo fue tal que son venerados en todas las partes del mundo.

Los custodios del Grial
A la magia del lugar, sus moles pétreas, su naturaleza indómita y sus aguas sanadoras hemos de añadir una realidad y una leyenda aun mayor.
Sucedió durante la persecución de los cristianos en el siglo III por el Emperador Valeriano. San Lorenzo, diacono del Papa Sixto II, envió a su familia en Huesca, donde había nacido, uno de los mayores tesoros de la cristiandad. Él estaba encargado de proteger el Santo Cáliz, el mismo que el que Papa usaba para celebrar la eucaristía y que nuestro Señor uso en la Última Cena. Para hacerlo llegar, Un legionario romano sería el encargado de ello.
Durante el reinado visigodo el Cáliz se mantuvo a salvo en distintas ermitas y con la invasión musulmana la necesidad de protegerlo fue de vital importancia. He aquí que tras ser protegido en varias ermitas recónditas de los Pirineos, llegó a San Juan de la Peña, uno de los lugares mas seguros y secretos de la Cristiandad.


Protegido por las montañas, los monjes y los reyes de Aragón, el Santo Cáliz permaneció seguro ante los intentos musulmanes de hacerse con el. Su vinculación con los reyes de Aragón, las gestas de la nobleza cristiana y la magia y leyendas del lugar lo hicieron conocido en toda Europa. Con su poder sanador y siendo una de las mayores reliquias de la cristiandad, no es de extrañar que inspirara a Chretién de Troyes para crear su «Perceval o el cuento del Grial». El Cáliz de nuestro señor se había convertido en el Santo Grial, el arquetipo más universal de la humanidad.
