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Perceval o el templario que pudo reinar.

En 1.134 murió Alfonso I. El monarca Navarro/Aragonés abandonó este mundo sin descendencia directa. El Batallador decretó para la posteridad un testamento que dejaba  los territorios bajo su poder en manos de Jesucristo y a las órdenes de caballería como regentes de los destinos de aquellos reinos. En aquel momento la orden de caballería que más poder tenía en aquel territorio y, que por consiguiente,
tendría la capacidad de regir en aquellos reinos, era la de los caballeros del templo de Salomón.

Estos hechos han dejado varias preguntas de difícil respuesta.

El primero de estos enigmas es ¿Porque el bravo guerrero no tuvo ningún hijo, ni legítimo ni ilegitimo que pudiese reclamar el titulo?. La segunda cuestión que la historiografía clásica no ha podido dar respuesta es ¿Cuál era el plan que el audaz estratega tenia, para poder llevar a término tan complejo testamento?

Las crónicas de la época no nos dan respuesta a estas cuestiones. La memoria histórica creada durante siglos se limita a relatarnos que ante tan “irrealizable testamento” se acordó que su hermano Ramiro II dejase los votos como monje que había tomado hace años y reinase como Ramiro II en Aragón. En el reino de Pamplona eligieron rey a García Ramírez, el Restaurador, hijo del infante don Ramiro y de una hija de El Cid; este Ramiro era a su vez hijo de un infante bastardo del rey navarro García Sánchez III.

Si la elección de Ramiro II es realmente extraña en cuanto a que un clérigo dejase los sagrados  hábitos y tomase las riendas del poder, era algo nunca visto. No lo es menos la elección del rey de los Pamploneses que era el hijo de un infante bastardo. Evidentemente en estos acuerdos hubo muchas componendas que no llegaron a las crónicas oficiales.

Pero he aquí que un texto nos puede contar, lo que las crónicas y los documentos callaron.

Solo los trovadores tenían en ocasiones, el lujo de contarnos la historia real. Años después y lejos del lugar donde ocurrieron los hechos, usando pseudónimos,  lo que realmente ocurrió se vislumbra entre los versos del Parsifal.

Una vez desbloqueado el código como un gran portalón poco a poco, otra versión de lo ocurrido se puede vislumbrar en este relato.  Si identificamos a Anfortas como Alfonso I , a Perceval como el conde Rotreau III de Perche y al sabio monje del relato, Trevizent, como Ramiro II las respuestas salen a la luz. La monarquía que custodió el Santo Caliz en San Juan de la Peña tiene en su pasado algunos puntos oscuros que a la luz del cuanto del Grial, hoy, podemos develar.

 Sigan ustedes la extraña lógica de, usar unos versos como verdad , y los documentos como una mentira pactada durante siglos. Solo así podrán ver el pasado con otro prisma mucho más colorido y cambiante, como suele ser la realidad. Aparquen por un momento el sonoro tañis de “Las campanas de Huesca”. Olvidense  de quellos que hablan de  “testamento irrealizable” y sumérjanse a este extraños mirador que se abre sutilmente en uno de los textos más importantes de la literatura medieval. Pero, esta versión, será comprensible solo para  quienes el fanatismo de lo académicamente correcto, no les haya sorbido el seso.

En primer lugar el texto del poeta germánico nos deja bien claro porque Alfonso I no pudo tener hijos. Anfortas ,su alter ego legendario, sufrió una herida en los testículos cuando era joven. Es por esto que no dejó descendencia. En el corral de la especulación se ha pospuesto que era homosexual y por esta razón rehuía a las mujeres. De ser así no sería el primero en la historia, ni el ultimo, que pese a su condición sexual, ha conseguido tener descendencia.

Pero sigamos con lo que nos cuenta el texto griálico para saber más de la sucesión. El propio Trevizent nos cuenta que todos los que vivían junto al Grial se consideraban Templeisen, templarios,  y que solo al rey se le permitía tener mujer. Incluso dice el monje del relato que el mismo transgredió esa norma. Resulta evidente pues que se está haciendo referencia al matrimonio que tuvo Ramiro II con doña Inés de Poitou.

Pero el relato nos cuanta algo diferente. En el propio Grial estaba escrito el nombre del heredero. Incluso en un momento leen en la santa reliquia  un mensaje que aparece y desaparece. En él se puede ver con letras celestiales que Perceval es el elegido como sucesor. El joven caballero lo rechaza pues había cometido el pecado de no preguntar ¿A quien se sirve con el Grial? .La primera vez que pudo contemplar aquella joya que los templarios tenían custodiada en un castillo se había callado. Por este motivo rechaza este honor. El relato termina con la aparición en escena del rey Castis que por su castidad era el idóneo para continuar con la estirpe regia.

En este punto historia y leyenda se entrecruzan en el más precioso baile entre ficción y realidad que la humanidad haya conocido nunca. Este que les escribe si tuviese talento y mejor ortografía os lo tendría que cantar en verso, pero confórmense sus señorías con este pobre artículo digital.

El conde de Perche era el aliado más poderoso de Alfonso I en aquella época. Su prestigio ganado en las cruzadas de tierra Santa y de la Península,  lo hacían el hombre fuerte de Europa. No era un imberbe aprendiz de caballero. Quienes conociesen el código usado por los poetas, a buen seguro, soltarían una sonrisa pues, el audaz trovador, presentaba al curtido caballero como un neófito en aquel mundo.

Rotreou era el nombre del señor del fertil valle del Perche. Su poder económico no estaba a la zaga de su prestigio militar. Además y, como se deja patente en el cantar de gesta, tenía relación de parentesco directo con Anfortas y toda la dinastía Navarro-Aragonesa. No en bano, su madre era hermana de la madre de Anfonso y Ramiro.

Mucho tiempo tuvo El Batallador para calcular el destino de su reino cuando él no estuviese en este mundo. Cuando dejó su reino en poder de las Ordenes Militares de Tierra Santa era consciente de que, quien se alzase como Gran Maestre de la Orden del Temple seria en la práctica, el hombre más poderoso de aquellas tierras. Si esta persona tuviese relación con la casa que ostentaba la monarquia, el postulante sería mas que valido.

Quien mejor que “Rotron” de Perche para conseguir este título. Él era el único que podría llevar a buen término la sucesión. Si el conde franco-normando tomase los hábitos del temple y fuese elegido como Gran Maestre, esto sería suficiente para que la aristocracia Navarro Aragonesa tuviese que acatar el destino que Alfonso I había dejado en su testamento.

Pero el señor de Perche, Perceval en las leyendas, no quiso entrar en ese avispero político.

Sus miradas estaban mucho más al norte. Su matrimonio con Matilde , hija ilegítima de Enrique I de Inglaterra le dejaban con grandes posibilidades de aumentar su poder en el imperio Angevino. Parece que, su foco político,  se centró en aquellas tierras norteñas. El resto de la historia es bastante conocido. La corona recayó en Ramiro II “El monje” que tendría una hija con Doña Inés a la que se le dio el nombre de Petronila. Esta a su vez tendría un hijo con Ramón Berenguer IV que recibiría el nombre de Alfonso II. El apellido honorario con el que se le conoció al nuevo monarca aragonés fue el de “El casto”. Aparece así el rey “Castis” del cuento del Grial plenamente identificable.

Pero, es raro que… ¿Si el conde Rotreu estuvo tan cerca de hacerse , en cierta manera con el trono, no hiciese valer de algún modo estos derechos en su beneficio?. Pues parece que Perceval no se fue simplemente de aquel reino. En la península, Rotrou estableció vínculos con García Ramírez, futuro rey de Navarra . García se casó con Margarita de L’Aigle , hija de Juliana, hermana de Rotrou. Evidentemente el señor de Perche, que tenía la ciudad de Tudela como feudo personal, estuvo inmiscuido en los pactos que hicieron que Navarra se separase de Aragón. Finalmente consiguió que su familia tuviese una reina. Si su sobrina se casó con el que había sido elegido como heredero de la parte pamplonesa del reino, era porque,  algún motivo de presión tendría el de Perche para hacerlo.

Historia y cuento siguen entrelazados, con el sagrado nudo de salomón. Este nudo aparece en la reliquia que los templarios juraron proteger.

En la santa copa sigue escrito el nombre del reino heredero de Anfortas. En letras celestiales aún se puede ver aparecer y desaparece el nombre de aquel destinado a ser el heredero del reino.  YOSHUA YAHWEH , ALA IEJUA o lo que es lo mismo Jesus-Dios.

Una inscripción que aparece y desaparece en las penumbras que existen entre la historia y el cuento. Evidentemente los templarios no tuvieron nada que ver con el Santo Cáliz de Valencia y nadie debe conocer jamás la historia del valiente Rotreu. El santo cáliz no es ni será nunca el Grial, eso son estúpidos cuentos de caballerías, creados para embaucar a soñadores.

El deseo del batallador de convertir su reino en una tierra regida por los mandamientos del todopoderoso y custodiada por los caballeros más nobles, entre los nobles, no se pudo llevar acabo. Pero, el espíritu de aquel reino, que acabaría por dominar todo el Mediterráneo, sigue palpitando en la brillante copa de ágata. Ironías del destino  el Santo Grial ocupa el lugar reservado para que los herederos del reino se sentasen, siglos después, en los cortes generales. Pero eso es otra historia…

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