El Culto Templario a María Magdalena
Vamos a acercarnos un poco más a María Magdalena, una de las figuras más importantes y desconocidas del Cristianismo. Los Templarios, como con la Virgen María y San Juan Bautista, revitalizaron su culto y recuperaron su esencia, siendo para ellos la Apóstol de los Apóstoles y representando la imagen de lo sagrado y lo femenino. Conoceremos algunos de los lugares de culto que le dedicaron y las pocas preciosas tallas que aun conservamos.

María Magdalena, la Compañera del Señor
Maria Magdalena fue y és una de las personas y Santas más distinguidas del Cristianismo. Acompañó a Jesús y fué testigo en los momentos decisivos de su predicación, muerte y resurrección. Su figura, como la de la mujer, brilló en las comunidades cristianas primitivas, sobre todo en la Copta de Alenjandría y comunidades más Orientales.
El Nuevo Testamento y los Evangelios Apócrifos recogen muy pocos datos de ella. Su relación con Pedro y la confusión de su persona llevó a asociarla más tarde en la Iglesia de Roma con la figura de «la pecadora» y «la prostituta arrepentida” Envuelta en tradiciones y leyendas en la Francia del siglo VII se restauró su figura y culto como acompañante inseparable y más fiel de Jesús. Su devoción impregno siglos más tarde el corazón de los Templarios y junto con la Virgen María fueron su luz, consuelo e intercesoras con Nuestro Señor.
Tras la caída de los Templarios la Iglesia volvió a olvidarse de su persona y continuó menospreciándola. Hubieron de pasar ochocientos años para que Juan Pablo II elevara de nuevo su figura como «Apóstol de los Apóstoles» y el Papa Francisco retomara la celebración de su día el 22 de julio con la importancia que se merece.

María Magdalena aparece en los Evangelios como una mujer de buena posición social a la que Jesús expulsa siete demonios. Le acompañará desde ese momento, se convertirá en una discípula distinguida y junto a un grupo de mujeres proporcionará a todo el grupo cuidados y sustento. Los investigadores resaltan que posiblemente María Magdalena alcanzó una compresión profunda de su mensaje. Su cercanía a él y su gran misticismo pudo levantar recelos en Pablo.
María Magdalena vive junto Jesús y la Virgen María el momentos más desgarrador y no los abandona. Comparte sus sufrimientos ascendiendo al calvario, en la crucifixión y la muerte. Días después su corazón recobrará la alegría al encontrar la tumba vacía y reencontrarse con su Señor Resucitado. Llevará esta noticia y será testigo ante los demás.

La Tradición Provenzal
La tradición ortodoxa nos dice que María Magdalena viajó a Éfeso acompañando a la Virgen María y al Apóstol Juan. Allí moriría y en el año 886 sus reliquias se llevaron a Constantinopla. Una tradición posterior la sitúa en Francia identificándola con María de Betania, hermana de Lázaro. Ambos y un Apóstol llamado Maximino llegaron a Saintes Maries de le Mer, cerca de Arles, para emprender su evangelización en Marsella y continuar por la Provenza. Es la que conocemos como «Tradición Provenzal». María Magdalena se retiraría a una cueva donde llevaría una vida de eremita durante 30 años. Cuando llegó su hora su unos Ángeles llevaron su cuerpo a Aix, donde recibió sepultura.
Si bien el culto Templario a María Magdalena es el más conocido y el que propició su mayor difusión y esplendor, este estaba ya muy difundido en el Sur de Francia. María Magdalena fue una figura principal para los Cátaros y las Órdenes monacales del Cluny y del Cister.
Una tradición cuenta que un monje trasladó sus restos desde Aix a Vezelay, en Borgoña, y descansarían desde entonces en su abadía Cluniaciense. Ms tarde su Abad y el Benedicto XII, el Papa Luna, declararían que el cuerpo de María Magdalena se encontraba allí y Vézelay se convirtió en el principal centro de peregrinación en Francia y punto de partida para el Camino de Santiago Francés.

María Magdalena y los Templarios
En el Císter, San Bernardo de Claraval elevó su figura y culto, como también hizo con la Virgen María y San Juan Bautista. Como mentor los difundió y trasmitió a los Templarios, y María Magdalena resurgió como figura mística y espiritual, ocupando el papel central que merece.
En un mundo y una iglesia patriarcal los Templarios reivindicaron a María Magdalena como el elemento sagrado femenino. Para ellos ejemplificó el viaje del alma humana (Esposa) que en «El Cantar de los Cantares» busca desesperadamente la divinidad (Marido).
Fue modelo de renuncia, amor incondicional a Cristo y de fe ardiente. Ejemplifico a la perfección la dualidad Templaria, de la escucha, contemplación y comprensión del mensaje de Jesús a su acción como sierva, testigo valiente y apóstol entre gentiles. También como conocedora y transmisora de los misterios de Cristo y de la resurrección, por ello se la representa con un tarro para ungir, un libro o una calavera.

Muchas son las ermitas e iglesias Templarias que llevaron su nombre. Son conocidas la iglesia Templaria de Santa Maria Magdalena de Cehegín en Murcia, de la Magdalena en Zamora, la Santa María Magdalena de Cofita, Huesca, y la de la Maddalena en Venecia. Más pequeñas, pero no menos importantes la ermita de la Magdalena en Castellón, o la Magdalena de Badajoz.
Las esculturas y tallas Templarias de María Magdalena fueron reemplazadas y olvidadas con la caída de la Orden y se sustituyeron por imágenes de María Magdalena pecadora y penitente. Podemos aun admirar su belleza y espiritualidad gracias a la recuperación y restauración que se esta llevando de la Dama de Cehegín en Murcia y de la María Magdalena de Caseres que ojala pronto se restaure y se pueda contemplar.

María Magdalena ocupó un lugar destacado en el corazón y fe de los Templarios. No solo por su cercanía como evangelizadora como nos cuenta la tradición Provenzal, sino como símbolo y ejemplo de lo receptivo, la comprensión, el misticismo, la fe y la lealtad incondicional. Representó para ellos como en la fragilidad se encuentra todo el valor para ser testigo y apóstol de Cristo Resucitado. Le dedicaron muchos lugares de culto y recobraron, ante el olvido y el menosprecio, su esencia original. Sus tallas, muy escasas, son preciosas y por suerte están recuperándose. Esperamos poder verlas pronto en todo su esplendor.

