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Los Templarios y el Arte de la Guerra de Sun Tzu. Parte II

Acompañanos en la segunda parte de “Los Templarios y el arte de la Guerra de Sun Tzu”. Analizaremos con mayor profundidad los factores críticos que forjaron a los Caballeros Templarios como la Orden más temida de su tiempo y modelo para los ejércitos de épocas posteriores.

“El Arte de la Guerra” escrito por el General y sabio Taoísta Sun Tzu es uno de los libros de referencia en las academias militares. También es muy apreciado en el mundo empresarial y comercial para diseñar estrategias a corto y largo plazo y en los ámbitos de la inteligencia militar y la geopolítica.

Destaca porque entiende la guerra como un conflicto humano y es consciente de sus devastadoras consecuencias para el estado y la población. “Las armas son herramientas de mal agüero. La guerra es un asunto serio. Da miedo pensar que los hombres puedan emprenderla sin dedicar la reflexión que merece”. Por eso ante una guerra, considera que la única solución es la diplomacia.

En caso de guerra determina su duración y recomienda que esta no sea más de un año. Sun Tzu nos dice “ El arma que se usa demasiado se embota y pierde su filo”. También nos explica la clave de la victoria, “El general que se conoce a si mismo y al enemigo nunca estará en riesgo de muerte”

Como analizamos en la entrada anterior, los Caballeros Templarios evitaron enfrentamientos innecesarios y dominaron el arte de la diplomacia. No solo conocían sus virtudes y las del enemigo en el campo de batalla, desde su creación en 1118 mejoraron constantemente sus estrategias, equipamiento, redes de comunicación, logística e información.

“Los cinco factores constantes que hay que tener en cuenta al deliberar«

Vamos a profundizar en los elementos estratégicos y tácticos que casi los hacían invencibles.

La moral: Aquello que logra la armonía absoluta entre el pueblo y sus gobernantes.

Los Caballeros Templarios nacieron para proteger a los Peregrinos en Tierra Santa. Esta misión casi imposible la consiguieron estableciendo impresionantes fortalezas en el litoral y en puntos estratégicos del interior. Ante la peligrosidad de las rutas terrestres crearon rutas marítimas muy eficaces que además les servían para la provisión de recursos materiales y humanos. Su “sistema bancario” prevenía los robos y aumentaba la seguridad en los caminos. Sin luchar consiguieron su objetivo.

Sí se organizaron ante la necesidad urgente de defender los Santos Lugares y la Cruzada que sucedía en España. Muestra de su prestigio como guerreros es la rapidez con la que se unieron nuevos caballeros a la Orden y la cantidad de donaciones que recibieron. El prestigio espiritual lo recibieron de la Orden del Císter, en la figura de San Bernardo y su regla latina.

Vemos como en sus doscientos años de existencia fueron prudentes y participaron en causas justas, evitando la avaricia, la fama o la venganza. Sus tácticas, preparación militar y equipamiento hacían el resto. Su nombre los precedía antes de entrar en batalla y el enemigo se sentía vencido con solo ver su estandarte. La misma moral que los animaba se contagiaba al resto de tropas que los acompañaban.

Hemos de añadir que no temían a la muerte y ponían su vida en manos del Señor. La confianza en el Maestre y en sus Hermanos Caballeros era absoluta.

El clima: El juego reciproco de la naturaleza, los efectos del frio en invierno y del calor en verano.

Determinar como tenían en cuenta los Templarios este factor en batalla es complicado. Las crónicas recogen pocos datos y no hacen referencia a ello. Una pista nos la dan sus fortalezas, eran grandes conocedores del agua, de la astronomía y de los ciclos naturales. Cada fortaleza contaba con su propio algibe en caso de asedio y su puente para protegerse de la crecida o helada de los pasos de los ríos.

Sus encomiendas aprovechaban los valles para protegerse de los vientos y la cercanía del agua. Por su prosperidad debemos suponer que contaban con avanzados calendarios agrícolas y ganaderos, fundamentalmente lunares.

Su habilidad en la navegación nos revela también su profundo conocimiento astronómico y de las condiciones climáticas.

El terreno: :Las distancias y la facilidad o dificultad que hay de recorrerlas, su naturaleza y las oportunidades de vida o muerte que ofrece.

Los Caballeros Templarios contaron con grandes cartógrafos. Esto les permitió conocer muy bien el terreno y adaptarse a él. Su papel en Tierra Santa fue más defensivo y construyeron enormes fortalezas muy cercanas las unas de otras. Esto les permitió resistir allí más de cien años tras la caída de Jerusalén. En España utilizaron una estrategia diferente, Sus fortalezas, más lejanas entre si, se ubicaban en altos cerros desde dominaban los ríos y pasos. En las zonas de frontera su movilidad les permitía defender o atacar con gran facilidad.

En la batalla como caballería eran de una rapidez increíble y desplegaban una gran potencia de carga. Al descabalgar actuaban como la mejor infantería lo que les permitía adaptarse muy bien al terreno. El entrenamiento de sus sargentos y tropas auxiliares les dotaba de gran movilidad y la posibilidad de recorrer grandes distancias en poco tiempo.

Los Templarios eran conocidos por sus máquinas de asedio y fueron cruciales en la conquista de Mallorca y Valencia por Jaime I. Podían obtener ventaja de cualquier terreno, incluso en el mar.

La autoridad: Las cualidades de sabiduría, equidad, humanidad, coraje y severidad del General.

Los Maestres del Temple fueron hombres de edad avanzada y gran experiencia militar. Con su sabiduría eran capaces de reconocer los cambios en las circunstancias y actuar con presteza contra el enemigo. Dirigía a sus Hermanos como si fueran uno y encontraba la mejor opción táctica para aprovechar sus grandes recursos.

Como monjes eran conocidos por ser hombres justos y también severos. Los Caballeros y la tropa conocían perfectamente las normas y que podían esperar en caso de no cumplirlas. Desde el principio de la Orden se forjó una disciplina férrea que se mantuvo hasta su final.

Los Maestres poseían grandes valores humanos, así como una educación exquisita. Su cercanía a los Hermanos y al resto de tropas les infundía confianza y empatía. Un motivo más por el que dar la vida en el campo de batalla.

Su coraje y valentía estaba más que probado. El no dudar en el momento oportuno les llevaba a conseguir la victoria.

La disciplina: La organización, autoridad, la elección de los oficiales, la vigilancia de las vías de aprovisionamiento y la atención de las necesidades esenciales del ejercito.

La condición de monjes favoreció una disciplina férrea basada en la humildad y la obediencia. La elección de cargos en la orden respondía a los méritos de los Caballeros ocupando cada uno el lugar para que estaba mejor preparado.

Eran muy cuidadosos con sus vías de aprovisionamiento, siendo autosuficientes y contando siempre con los mejores alimentos y equipos. Un ejemplo es como cuidaban a sus caballos diariamente y siempre los mantenían en las mejores condiciones. La escasez de recursos y hombres en Tierra Santa les llevó a crear rutas marítimas seguras y generar gran riqueza para su obtención.

En esta segunda parte de “Los Templarios y el arte de la guerra de Sun Tzu” hemos analizado los cinco factores que hicieron temibles a los Caballeros Templarios en el campo de batalla. Que les impulsaba a luchar y como era la nobleza de su causa. Como eran expertos en el conocimiento de la naturaleza, el clima y el terreno. Las virtudes de sus Maestres y cual era la disciplina de sus tropas. Cualidades que mantuvieron casi doscientos años y también durante su trágico final.

Gracias por acompañarnos en este viaje. Esperamos os haya gustado.

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